miércoles, 10 de noviembre de 2010

Multa por tomar refresco y bocadillo

Eran las 18.40 horas cuando estaba con una amiga en una plaza del Albayzín tomando una Coca cola y comiendo un bocadillo, cuando aparecieron seis agentes de la policía local en dos furgonetas. Los policías nos solicitaron la identificación tanto a nosotros como a diversos grupos de personas que no superaban una decena. Un agente me preguntó la dirección de mi residencia particular, a lo cual le respondí solicitando información sobre la razón de ese operativo; el policía nos acusó de estar haciendo “botellón”. Le mostré la botella que compartía con mi amiga; una botella de Cocacola de un litro, diciéndole que “no es botellón” y que “cómo me podía multar por beber una Cocacola, que era ridículo e inexplicable”. El agente me contesta que está prohibido beber en la vía pública, y yo estaba bebiendo. Viendo la situación exagerada y poco coherente le solicité que se identificara, pero no quiso ni mostrarme la placa, ni decirme el nombre, alegando que le llamara “señor agente”.


Decidí hacer una llamada a un amigo para ver qué pasaba en estos casos, cuáles eran mis derechos y cuáles las obligaciones de las fuerzas policiales, cuando, en ese momento, otro policía me interrumpió violentamente, insultándome y diciendo que cortara la comunicación, cosa que por supuesto no hice. Una vez finalizada la llamada, su pareja me preguntó si deseaba firmar la denuncia, le dije que sí pero le exigí nuevamente que se identificara y me quitó la multa y el bolígrafo de las manos, negándome otro derecho. Marcó en la denuncia que rehusó a firmar. Le indiqué que debía agregar al texto de la denuncia “que estoy con una botella de Cocacola”, lo cual finalmente aparece en el parte de alegaciones. El texto de la denuncia se resuelve de la siguiente forma: “permanecer y concentrarse en la vía pública consumiendo bebidas no alcohólicas alterando la pacífica convivencia de los ciudadanos fuera del lugar habilitado por el ayuntamiento”, donde el oficial tachó “no alcohólicas”, dejando solo bebidas (además en plural, cuando solo había una botella). A mi amiga la multaron por el mismo motivo aunque no estuviera ni bebiendo, ni alterando la convivencia, ni concentrarse pues éramos solo dos personas. Mi amiga le pidió una explicación al agente, el cual riéndose, dijo que estábamos juntos todos los presentes en la plaza, aunque la verdad es que no nos conocíamos si quiera. Por lo que hemos podido averiguar más tarde, a otras personas que no llevaban consigo su documentación, se las llevaron a comisaría. A los demás se les multó también por “botellón” según la Ordenanza Cívica de Convivencia Ciudadana de Granada. Posteriormente, en tono insinuante y amenazante, el agente de seguridad local que me había insultado me contestó que “ya nos veremos en los juzgados a ver quien se ríe más”.

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